El año pasado fuimos dando un
paseo hacia la majada primera, disfrutando del bonito
paisaje entre robles y del encanto que ese
camino tiene, pero nuestro gozo se vio interrumpido por unos perros que se encontraban en un prado que hay a mano derecha llegando a la canchera que hay en el alto desde donde se divisa un
valle precioso. Eran tales los ladridos de los perro raviosos, que más bien parecían que aullaba, y por miedo a que saltaran la pared, nos volvimos sin poder llegar a contemplar el valle.
Esos
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