NUNCA SALDREMOS DEL HAMBRE
¡Qué desafortunado somos! Nuestros padres, tras la guerra, no salían del puchero de legumbres con chorizo y tocino rancio; si acaso también un espinazo u oreja de cuto y rara vez, de no ser
navidades, catábamos el cordero. Algunas cecinas de
cabra vieja cuando el jamón de la
matanza deja de existir y, no me hablen de terneros. Esa carne no entraba en
casa, si acaso la
vaca o algún filete de otras bestias menos nobles para el consumo de quienes no ahorran duros y se
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