Vieja ciudad mía, centenaria, con la
nieve del tiempo que nunca ha de cubrirte de caduquez, con el soplo de los puelches contrarios que no ha de rendirte jamás, porque la nieve no llega tu corazón de cantarito de greda, con
agua de
cielo y espíritu, ni el puelche agresivo podrá doblegar tu altivez señorial.
Vieja ciudad mía, mediterránea y recoleta, mater de
esquinas redondas para nuestra dulzura, con las cinco
plazas jugando a ser pájaro y a ser
flor, hinchada de leche abundosa en el plato hondo
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