LAS DOCE UVAS DEL CEMENTERIO
Aquel 31 de diciembre de los años setenta era un día gélido, el frío y las chispas de nieve que de vez en cuando se dejaban ver hacia que la gente se tapase hasta las orejas y era buen momento para que en vez de un completo con su copita de coñac, fueran dos (o las que se terciasen) las copas que alegrasen la tarde antes de cambiar el año.
He aquí que en una distendida conversación de amigos en la que se hablaba de lo divino y lo humano, de espíritus y otras apariciones ... (ver texto completo)
Aquel 31 de diciembre de los años setenta era un día gélido, el frío y las chispas de nieve que de vez en cuando se dejaban ver hacia que la gente se tapase hasta las orejas y era buen momento para que en vez de un completo con su copita de coñac, fueran dos (o las que se terciasen) las copas que alegrasen la tarde antes de cambiar el año.
He aquí que en una distendida conversación de amigos en la que se hablaba de lo divino y lo humano, de espíritus y otras apariciones ... (ver texto completo)