Los tres se echaron a reír. Era la primera vez que Sadako se reía en muchos días. Una buena señal, sin duda. Quizá la magia de la grulla dorada había comenzado a surtir efecto. Alisó el papel e hizo otra grulla.
Quinientas cuarenta y nueve...
Pero se sentía demasiado cansada para continuar. Se estiró en la cama y cerró los ojos. La señora Sasaki caminó de puntillas para no despertarla y susurró un poema que solía recitarle a Sadako de pequeñita;
"Bandadas de grullas celestiales,
ampara a mi hija ... (ver texto completo)
Quinientas cuarenta y nueve...
Pero se sentía demasiado cansada para continuar. Se estiró en la cama y cerró los ojos. La señora Sasaki caminó de puntillas para no despertarla y susurró un poema que solía recitarle a Sadako de pequeñita;
"Bandadas de grullas celestiales,
ampara a mi hija ... (ver texto completo)