VILLAOLIVA: Los tres se echaron a reír. Era la primera vez que...

Los tres se echaron a reír. Era la primera vez que Sadako se reía en muchos días. Una buena señal, sin duda. Quizá la magia de la grulla dorada había comenzado a surtir efecto. Alisó el papel e hizo otra grulla.
Quinientas cuarenta y nueve...
Pero se sentía demasiado cansada para continuar. Se estiró en la cama y cerró los ojos. La señora Sasaki caminó de puntillas para no despertarla y susurró un poema que solía recitarle a Sadako de pequeñita;
"Bandadas de grullas celestiales,
ampara a mi hija bajo tus alas".

Los últimos días.

A finales de julio, los días se tornaron soleados y calurosas. La salud de Sadako parecía haber mejorado.-Ya he hecho más de quinientas grullas--le dijo a Masahiro--Así que algo bueno va a suceder...
Y así fue. Sadako volvió a recobrar el apetito y muchos de sus dolores desaparecieron. El doctor Numata estaba satisfecho con el progreso de Sadako; incluso le prometió que pronto podría ir a pasar unos días a su casa. Esa noche, Sadako estaba tan excitada que no pudo dormir. Se mantuvo despierta haciendo grullas para que la magia continuara surtiendo efecto.
Seiscientas veintiuna.
Seiscientas veintidós...
Era maravilloso estar en casa con toda la familia para o Bon, la fiesta más grande del año. O Bon era un día especial, dedicado a festejara a los espíritus de los muertos que regresaban a la tierra a visitar a sus seres queridos.
La señora Sasaki y Mitsue limpiaron y arreglaron la casa hasta sacarle brillo. Unas preciosas flores, recién cortadas, adornaban la mesa. La grulla dorada de Sadako y su muñeca Kokeshi también estaban allí. Por toda la casa se percibía el olor de la rica comida preparada especialmente para la fiesta. Y en el altar se colocaron platos con tortas y albóndigas de arroz para los visitantes del otro mundo.