Me parece increíble que nos hables desde
argentina, y que como al que habla desde el
pueblo de al lado sólo nos separe la pantalla del ordenador. Cuando yo era niña, había gente de mi pueblo y de
pueblos colindantes en Argentina, cuando regresaban con su hablar cadencioso y su elegancia porteña aprendida o impostada, despertaban en mi una gran admiración, tanto que soñaba con hacerme mayor y viajar a ese país tan especial que pareciera que regresaban de marte.
Me hice mayor pero no hice el viaje.
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