Abro la vieja puerta de casa mientras comienzo a escuchar en el exterior, el fuerte goteo de la lluvia al caer al suelo encharcado, desde el tejado del alero. Cruzo el corral dando un primer salto con cuidado para que no me caigan los goterones en la cabeza. Atravieso la línea de goteras como suele sucederme, con un goterón en la nuca. Es como si me abrieran una ventana en la mollera. Mi calzado son unas estupendas botas de “material” con suela de goma súper impermeables. No llevo madreñas, ya soy ... (ver texto completo)