No recuerdo muy bien cunado apareció por casa el balón azul. No sé si me lo había regalado mi hermano o si en algún momento se lo habían regalado a él. Más bien creo lo primero, pero memoria del pelotón azul con manchas negras la tengo de siempre. Lo recuerdo cuando se me encajaba debajo de la gran porra del nogal. Por debajo de las raices, justo debajo de la gran porra del centenario nogal pasaba en invierno y primavera un arroyo de agua que manaba en una fuente del camino del Castillo por encima ... (ver texto completo)