MANZANEDA DE OMAÑA: Seguimos entre los arbolitos y plantas de los caminos,...

Seguimos entre los arbolitos y plantas de los caminos, depositarios de los suspiros del transeúnte. De noche con la luna y con el lucero del amanecer, llegamos a Soto y Amío. Allá arriba, centinelas de Omaña, se encuentran Lago de Omaña y Villayuste, jardines de deseos, que son pena y alegría, que son dos males a un tiempo, y que reclaman, ¿cómo no vienes a verme?. De Villaceid nos llegan sonidos de campanas que volean, y entramos a través de su jardín de amapolas.

Con serenidad en el caminar nos acercamos a Oterico, donde ya la gente no se va a los trigos, ni ponen yugos, ni atan jimostras, pero siguen claros los arroyos y pastan quietos los rebaños de merinas, y se oyen los repiques milenarios de las campanas en sus espadañas.

Buenos días, Señor Riello, lugar donde hemos descansado y disfrutado de sus manjares típicos, y hemos paseado por sus calles, y hemos visto en sereno disfrutar sus antiguas casas señoriales. Tal vez buena guía del transeúnte fuesen las palabras escritas de médicos y veterinarios de gran reconocimiento que aquí nacieron o vivieron, pero éstos apenas dejaron sobre el papel sus caminos por Omaña. Si nos queda, sin embargo, la memoria vestida de disfraces de Luis Miguel Rabanal, que siempre estará en este Riello para malgastar los años en caricias de leche, mientras tiembla un ñubero que tristemente cabalga en las nubes.

Y en Inicio y Andarraso - hijo de los vientos rasos - no debes entristecerte si no ves ventanas abiertas y mucha gente, pues son dos pueblos que resplandecen de cultura y tradición, en cuyas claras fuentes sacias la sed del camino. Y si la sed del transeúnte es curiosidad por grandes viajes, el recuerdo del P. Lázaro Bardón Gómez y su viaje a tierras de Egipto tal vez se la aplaque.

Ya llegamos, volviendo desde Riello, a una gran Loma, que ahora es Lomba.

Entramos en Castro de la Lomba, pueblo donde sus calles están empedradas con cantos y arena. Es pueblo asentado sobre roca desde tiempos muy lejanos, y es sombra del quererte, que en la lejanía sus hijos añoran.

En Santibáñez está el árbol, y en Campo [Campo de la Lomba] está la hoja y en Rosales y Folloso la flor de mozos y mozas. Son pueblos que te cantan, que te piden: ni te vayas, ni te quedes, no me dejes, ni me lleves.

Y en llegando a Rosales, la primera calle nos recuerda a otro caminante, el Padre César Morán, un ilustre omañés, y buscador de los orígenes de Omaña. Si por él nos dejásemos enseñar y guiar, pasearíamos por muchos pueblos, disfrutando de antiguos castros y de muchos vestigios, astures y romanos, deberíamos pasar por Barrio de la Puente, Fasgar, Los Bayos, Murias de Paredes, Rodicol, Torrecillo, Villabandín, Villanueva de Omaña, Aguasmestas, Andarraso, Arienza, Bonella, El Castillo, Campo de la Lomba, Castro de la Lomba, Cirujales, Cornombre, cerca de Curueña y La Urz, Guisatecha, Manzaneda de Omaña, Marzán, Omañón, Oterico, Riello, Rosales, Salce, Santibáñez de Arienza, Santibáñez de la Lomba, Socil, Sosas del Cumbral, Trascastro de Luna, Vegarienza, La Velilla, Villar de Omaña, Camposalinas, Carrizal, Garaño, Soto y Amío, Villaceid, Villayuste, Murias de Ponjos, Paladín, Ponjos, La Utrera y Valdesamario