El desembarco en el enorme colegio fue una empresa no desposeída de retos, descubrimientos, zozobras, miedos, pocas certezas y multitud de inseguridades. Mi escenario vital había sido la Lomba, lo que se dominaba de Omaña desde las diferentes Peñas de los Valles y las excursiones a Riello, Castro, Pandorado y la Garandilla. Conocía los sonidos, las voces y los silbos; los balidos y los bramidos, las señales de todos los vecinos; de quién eran los prados y de quién las tierras. Allí, en la ciudad, ... (ver texto completo)
Como siempre encantadores tus relatos....
Que memoria, como recuerdas todos los detalles.
Un abrazo.
Que memoria, como recuerdas todos los detalles.
Un abrazo.