Mi abuelo paterno había tenido seis hijos, cuatro varones y dos hembras. Todos, por razón de matrimonio o por motivos de ganarse la vida habían dejado la casa, sólo había quedado con el abuelo, Heliodoro, el que hacía el número cinco por orden de nacimiento. Heliodoro era un buen mozo, varias veces le oí decir a mi padre que cuando lo habían tallado para la mili, su hermano había dado, uno ochenta y seis, descalzo, y que todavía no había parado de crecer. Bien encarado, de tez morena y con coloretes ... (ver texto completo)
Muy bueno Peña, y con los detalles tambien expuestos un gusto leerlo. Yo recuerdo cuando algun gato o perro en las matanzas hacian el agosto como te despistaras..... Luego corre detras que ellos son muy rápidos, vamos que como no lo evites luego ya no hay nada que hacer. Al amor de la lumbre se contaban tantas cosas, haber si te acuedas de alguna mas que son deliciosas.