Estas frías tardes de invierno son apetecibles para revolver entre estanterías o cajones, que llevan esa mácula del tiempo y encontrar un viejo libro de poemas, poesías del aquel viejo libro que descansa en el estante, siempre listo para desempolvar y ojear de nuevo evocando recuerdos, nostalgias de nuestra vida, de amores vividos que como fantasmas flotan en nuestra mente. En nuestro hogar con esa calefacción de hoy en día, ni mucha ni poca, la justa. O escuchando el chisporroteo de esos troncos ... (ver texto completo)