LOS CELOS DE LA LUNA (continuación)
Pasaron las semanas y el pastor seguía declarándole su amor a diario. Y la luna insistía en su renuncia. Nuestro pastor fue entristeciéndose poco a poco y cada vez hacía sus visitas un pelín más cortas hasta que una noche dejó de acudir.
A la luna le extrañó que su pastor, aquel al que había cogido un gran cariño lo mismo que a su fiel lebrel, no asistiese a su cita todas las noches y así se lo preguntó en su visita siguiente:
-Ayer no me preguntaste si ... (ver texto completo)
Pasaron las semanas y el pastor seguía declarándole su amor a diario. Y la luna insistía en su renuncia. Nuestro pastor fue entristeciéndose poco a poco y cada vez hacía sus visitas un pelín más cortas hasta que una noche dejó de acudir.
A la luna le extrañó que su pastor, aquel al que había cogido un gran cariño lo mismo que a su fiel lebrel, no asistiese a su cita todas las noches y así se lo preguntó en su visita siguiente:
-Ayer no me preguntaste si ... (ver texto completo)