Me llegan las papeletas de las danzas a casa, y me niego porque no era ni justo ni democrático. Y ahí, nueva pugna, que todavía recuerdo que me levanté de mi asiento como si me hubieran puesto un resorte, a punto de dar a luz, y literalmente me fui volando a devolverlas. Y pasaron meses hasta que se resolvió aquel entuerto. Gané y perdí al mismo tiempo. Te damos la razón por ley, pero no te lo vamos a perdonar por el resto de nuestras vidas. Y a día de hoy, han cumplido a tope su promesa. Y se morirán ... (ver texto completo)