A MI PADRE
Nunca, señor, pensé que el verso mío
cuando te hablara en él por vez primera
la
música filial de los veinte años,
del huérfano infelice la voz fuera.
Nada valió la familiar plegaria;
moriste en plena vida, y ¡qué contraste
tocóles a los tuyos, muerto amado,
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