Sí, quinto Rebonico. "La fachada y tú", pero no me vayas a decir que tú andas tan deteriorado como la fachada porque si no... a sabes aquello de..."Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar", y recuerda que yo soy quinta tuya; nacidos en el 49 por más señas. Jajajaja
¡Es broma, hombre! Se te ve muy hermosón, vamos como un clavel reventón, y no digo capullito de rosa porque eso de "capullito"... ¡cómo que no va contigo, ea!
Beseteeessss
(En el mensaje anterior me he "comido" una Y GRIEGA, así que ustedes perdonen) ¡A estas horas mi voracidad es asombrosa!
Sí, quinto Rebonico. "La fachada y tú", pero no me vayas a decir que tú andas tan deteriorado como la fachada porque si no... a sabes aquello de..."Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar", y recuerda que yo soy quinta tuya; nacidos en el 49 por más señas. Jajajaja
¡Es broma, hombre! Se te ve muy hermosón, vamos como un clavel reventón, y no digo capullito de rosa porque eso de "capullito"... ¡cómo que no va contigo, ea!
Beseteeessss
Creo que uno de los inconvenientes del mundo es que la gente confunde la sexualidad con el amor, el dinero con la inteligencia y el móvil y demás "chismes" con la civilización.
Preciosos atardeceres que nos llevan a tiempos pasados teñidos de hermosos colores... Los negros y los grises, apenas existían.
¿A dónde irá nuestra juventud, decíamos entonces? Fue lenta, pero irremediablemente, hacia un futuro en que nos hacemos de nuevo la misma pregunta..
Muchos besos, guapos
¿Qué tal Eufra7?
Es una pena que estos foros de los Pueblos hayan decaído tanto; yo los continúo prefiriendo a cualquier otra forma de comunicarnos y explicar lo mucho o poco que sabemos de nuestro pueblo y de sus gentes, aunque por lo general, a pesar de que también existen, siempre hemos explicado más las cosas buenas que las malas, aún sabiendo que de haberlas, haílas, las hubo, y las habrá.
Por aquí va todo perfectamente gracias a Dios. Mis padres están bien, Javier va recuperándose poco ... (ver texto completo)
Cuando Cenicienta se enteró de lo que ocurría, fue al desván, se puso el vestido de diamantes, la diadema y el zapato de diamantes que le quedaba y acudió al palacio real. Podéis imaginaros lo que sucedió. Al ver a Cenicienta, el rey se levantó de la cama, le puso el zapato que había encontrado en el bosque y ordenó de inmediato los preparativos de la boda. En la fiesta nupcial, participaron barones, príncipes y caballeros, hombres y damas de la nobleza, y hasta las hermanas de Cenicienta. Todos ... (ver texto completo)
El rey se sentía profundamente infeliz porque Cenicienta se le había escapado por tercera vez. Sin embargo, para escapar a sus tristes pensamientos, decidió salir de caza. Cabalgando por el bosque mató un oso, un jabalí, muchos lobos y varios zorros, y de improviso, en un arbusto, descubrió el zapato de diamantes de Cenicienta. Asustado y dolorido, pensaba que a Cenicienta le había ocurrido algo malo.
A causa del dolor enfermó, cayó en cama, no hablaba, no comía, ya no dormía, y seguía mirando, ... (ver texto completo)
Siete días después, el rey ofreció de nuevo una fiesta con baile. Y esta vez Serafina encontró en la caja del desván un vestido de diamantes, un par de zapatos de diamantes y una diadema de diamantes. Y este vestido era tan hermoso que no se había visto jamás en todo el mundo uno igual.
Esa noche, en la fiesta, los caballeros y las damas de la nobleza, así como las hermanas de Cenicienta, se quedaron deslumbradas de tanto esplendor y el rey estaba firmemente decidido a no dejar escapar a Cenicienta ... (ver texto completo)
Serafina se puso el vestido de oro y se fue al baile. El palacio estaba lleno de damas y caballeros de la nobleza, y estaban también sus hermanas, pero Serafina era de nuevo la más bella. Y tampoco esta vez hubo quien reconociese en ella a Cenicienta. El rey no le quitó la vista de encima ni un instante, pero, cuando llegó la medianoche, Serafina se escabulló y volvió corriendo a casa. Durante toda la semana, las hermanas hablaron de la bellísima princesa vestida de oro.
Éstas no volvieron hasta el amanecer y, durante toda la semana, no hablaron de otra cosa que del magnífico baile y de la princesa vestida de plata, como si todo esto no tuviese nada que ver con ella.
A la semana siguiente, el rey ofreció una nueva fiesta y, naturalmente, Adela y Matilde no podían faltar. En cuanto cerraron la puerta, Serafina fue al desván, abrió la caja con la llavecita de oro y esta vez encontró un vestido de oro, un par de zapatos de oro y una diadema de oro. Jamás se había ... (ver texto completo)
Serafina se alegró muchísimo. Justamente esa noche había un baile en el palacio real, así que se puso el vestido de plata y fue hacia allí. El palacio estaba lleno de señores y damas de la nobleza. Allí estaban también sus hermanas, pero Serafina era la más bella de todas. Nadie reconoció en ella a la humilde Cenicienta, ni siquiera sus hermanas. Y el rey mismo no quiso bailar con ninguna otra, sino sólo con Serafina vestida de plata. Pero, cuando sonaron las doce de la noche, Serafina se escapó ... (ver texto completo)
-Compréndelo, Cenicienta, contigo haríamos un mal papel y nos ensuciarías los vestidos.
Una vez, mientras ordenaba la casa, Serafina encontró una pequeña llavecita de oro. La probó enseguida en todas las puertas, todos los armarios y todos los cofres y finalmente, en el desván, descubrió una pequeña caja que pudo abrir con la llave encontrada. Adivinad qué había dentro: un maravilloso vestido de plata, un par de zapatos de plata y una diadema de plata. No había en todo el reino un vestido tan hermoso ... (ver texto completo)
En ese momento comenzó la buena vida para las hermanas. Tenían una casa formidable, cubierta de oro y de plata, con campanas de plata en el techo, y también por dentro llena de oro, de plata y de piedras preciosas. Adela y Matilde se ponían de punta en blanco y se iban a la ciudad, donde nunca faltaban a un baile o a una recepción, incluso en el palacio del rey. Serafina, en cambio, se ocupaba de la casa. A fuerza de verla en la cocina trajinando con las cenizas, sus hermanas comenzaron a llamarla ... (ver texto completo)
-De acuerdo –dijeron-. Preparadnos entonces cuatro cerdos asados para el almuerzo.
Las hermanas se pusieron a trabajar en el acto y, cuando el almuerzo estuvo listo, Serafina atrapó cuatro ratones vivos y cosió la barriga de los cerdos después de meterlos dentro. Los ogros se zamparon los cerdos de un bocado y no se dieron cuenta de nada. Después de comer, se fueron a dormir para hacer mejor la digestión. Mientras dormían, los ratones comenzaron a roerles las tripas y les hicieron tantos agujeros ... (ver texto completo)