Pero Serafina les rogó:
-Por favor, dejadnos vivir. Cocinaremos para vosotros, barreremos la casa, lavaremos la ropa, coseremos, trabajaremos para vosotros día y noche, pero no nos quitéis la vida.
Al principio, los dos ogros no querían siquiera escucharla, pero se dieron cuenta de que por probar no perdían nada. Siempre estarían a tiempo de comerse a las tres hermanas.
Ah, qué bonito es este sitio –dijeron las hermanas y llamaron a la puerta.
La puerta se abrió y apareció una bruja horrible, tres veces más corpulenta que un hombre, que tenía un solo ojo en medio de la frente, quince dedos en cada mano y quince en cada pie, además de una boca que parecía la entrada a un horno. Y tras ella apareció un viejo aún más horrible, tres veces más grande y corpulento que ella, que también tenía un solo ojo, quince dedos en cada mano y quince en cada pie, además de una ... (ver texto completo)
-Pobres de nosotras, no sé que podremos hacer –se lamentaban Adela y Matilde-. Es de noche y no tenemos adónde ir a dormir.
Pero Serafina no desesperó. Trepó a un árbol, miró a su alrededor y, por el lado donde el sol ya se había puesto, vio brillar una lucecita. Las tres hermanas se pusieron en marcha y pronto llegaron frente a una magnífica casa, toda cubierta de oro y plata y con muchas campanas de plata en el tejado.
LA SABIA CENICIENTA. Cuento de Francia

Éranse una vez tres hermanas, Adela, Matilde y Serafina, la menor. Sus padres habían muerto y las tres hermanas salieron a buscar nuevos horizontes. Después de mucho andar, llegaron a un bosque muy espeso y oscuro y perdieron el rumbo.
Nada, nada, es sólo la rana del pozo. Quiere que le corte la cabeza, pero me da no sé qué.
-Anda –dijo la madre-, córtale la cabeza a la pobrecita si realmente es eso lo que quiere.
La muchacha se incorporó y le cortó la cabeza a la rana macho. Y en cuanto la cabeza quedó separada del cuerpo, la rana se transformó en un bellísimo príncipe, que se casó con la muchacha y vivieron siempre juntos, felices y contentos.
La rana macho cogió el hacha y croó:
Córtame la cabeza, niña bonita,
córtame la cabeza, mi mujercita.
- ¿Qué ocurre? –preguntó la madre.
Tráeme un hacha, niña bonita,
tráeme un hacha, mi mujercita.
- ¿Qué ocurre? –preguntó la madre.
-Nada, nada, es sólo la rana del pozo, que quiere un hacha.
-Entonces ve –dijo la madre-, y tráele el hacha a la pobrecita.
La muchacha se incorporó y le llevó el hacha a la rana.
Hazme la cama, niña bonita,
hazme la cama, mi mujercita.
- ¿Qué ocurre? –preguntó la madre.
-Nada, nada, es sólo la rana del pozo, que quiere dormir.
-Pues anda –dijo la madre-, y acuesta en la cama a la pobrecita.
La cama se incorporó y llevó a la rana macho a la cama.
En cuanto estuvo en la cama, la rana macho volvió a croar:
Hazme de comer, niña bonita,
hazme de comer, mi mujercita.
- ¿Qué ocurre? –preguntó la madre.
-Nada, nada, es sólo la rana del pozo, que quiere comer.
-Pues anda –dijo la madre-, dale de comer a la pobrecita.
Cuando acabó de comer, la rana macho apartó el plato y volvió a croar:
Cuando llegó la hora de dormir, oyó croar junto a la puerta:
Abre la puerta, niña bonita
abre la puerta, mi mujercita.
- ¿Qué ocurre? –preguntó la madre.
-Nada, nada, es sólo la rana del pozo que quiere entrar.
-Entonces ve –dijo la madre- y hazla entrar, pobrecita.
La muchacha se levantó e hizo entrar a la rana macho, que se sentó a la mesa y volvió a croar:
Porque el pozo se ha secado y no puedo llevarle agua a mi madre.
-No llores. Si me prometes que te casarás conmigo, te daré un cántaro lleno de agua.
La muchacha se echó a reír. ¿Dónde se ha visto que una chica se casase con una rana macho?
-De acuerdo –acabó diciendo-. Te lo prometo.
La rana saltó al pozo y volvió con el cántaro lleno de agua. La muchacha le dio las gracias y se dio prisa en volver a su casa muy contenta. Antes del anochecer, ya había olvidado por completo a su pretendiente ... (ver texto completo)
LA RANA MACHO Y SU ESPOSA. Cuento de Inglaterra

Una vez, una viuda quería hacer una tarta y le pidió a su hija que fuese a buscar agua al pozo. La muchacha cogió el cántaro y salió, pero, al llegar al pozo, vio que estaba seco. Se sentó en la hierba y comenzó a llorar, porque tenía miedo de que su madre la castigase si volvía con las manos vacías. Había otro pozo, pero se encontraba muy lejos, al otro lado del bosque.
Mientras lloraba con el cántaro entre sus manos y humedecía la hierba con ... (ver texto completo)
donde esta villarejo de periesteban
... Y entre cántaros, pusieron a Jesús, el de Remolines, para inmortalizarlo con su gorrilla y pañales como lo vemos en esta foto. Un beso Jesús. ¡Estás de lo más chulo!
Yo creo que la idea de llevar a calentar el agua a la lumbre fue una buena idea, porque si hubiesen tenido que lavar "el gorrino chuscarrao" con agua fría con el frío que debió hacer aquel día... ¡No quiero ni pensar cómo se les hubiesen quedado los dátiles ¡