Que ni llega a Él la vejez, ni la enfermedad le enflaquece, ni la muerte le acaba, ni puede la fortuna, con sus desvaríos, poner calidad en Él que la haga menos amable. Que, como dice el salmista: «Aunque Tú, Señor, mismo desde el principio cimentaste la tierra, y aunque son obra de tus manos los cielos, ellos perecerán y Tú permanecerás; ellos se envejecerán, como se envejece la ropa, y como se pliega la capa los plegarás y serán plegados; mas Tú eres siempre uno mismo, y tus años nunca desmenguan.» ... (ver texto completo)
Mas si es tan perjudicial el amor cuando se emplea mal, y si se emplea mal en todo lo que está sujeto a mudanza, y si todo lo semejante le es suelo enemigo, adonde, si prende, produce frutos de ponzoña y miseria, ya veis, Sabino, la razón por qué dije al principio que sólo Cristo es aquel con quien se puede tener paz y amistad; porque Él solo es el no mudable y el bueno, y Aquel que cuanto de su parte es, jamás divide la unidad del amor que con Él se pone; y así Él es sólo el sujeto propio y la tierra ... (ver texto completo)
-No se dará bien, conforme a eso, Sabino -dijo Juliano entonces-, el amor en cualquier suelo.
Respondió Sabino:
- ¿Cómo no se dará?
Y Juliano dijo:
-Como dicen de algunos frutales, que, plantados en Persia, su fruta es ponzoña, y, nacidos en estas provincias nuestras, son de manjar sabroso y saludable, así digo que se concluye de lo que hasta ahora está dicho, que el amor y la amistad, todas las veces que se plantare en lo que estuviere sujeto a todos o a algunos de esos accidentes que habéis ... (ver texto completo)
-Tiene -dijo Sabino- esa fuerza todo aquello que a cualquiera de los que aman, o le deshace en el ser, o le muda y le trueca en la voluntad, o totalmente o en parte, como son, en lo primero, la enfermedad y la vejez y la pobreza y los desastres, y finalmente la muerte. Y en lo segundo, la ausencia, el enojo, la diferencia de pareceres, la competencia en unas mismas cosas, el nuevo querer y la liviandad nuestra natural. Porque, en lo primero, la muerte deshace el ser, y así aparta aquello que deshace de aquello que queda con vida; y la enfermedad y vejez y pobreza y desastres, así como disponen para la muerte, así también son ministros y como instrumentos con que este apartamiento se obra. Y en lo segundo, cierto es que la ausencia hace olvido, y que el enojo divide, y que la diferencia de pareceres pone estorbo en la conversación, y así, apartando el trato, enajena poco a poco las voluntades, y las desata para que cada una se vaya por sí; pues con el nuevo amor, claro es que se corta el primero, y manifiesto es que nuestro natural mudable es como una lima secreta que, de continuo, con deseo de hacer novedad, va dividiendo lo que está bien ajuntado. ... (ver texto completo)
-Esa es verdad en que no hay duda -dijo entonces Sabino.
-Pues si en esto no hay duda -añadió Juliano-, ¿podréisme decir, Sabino, cuántas y cuáles sean las cosas que tiene esta fuerza, o que la pretenden tener, de cortar y dividir aquello con que el amor se anuda y se hace uno?
-No han hecho mala presa estas que llamáis mis redes, Sabino -dijo Juliano entonces-, pues han cogido de vos esto que decís ahora, que está muy bien dicho, y con ello estoy yo más cerca del fin que pretendo, de lo que vos, Sabino, pensáis. Porque, pues es así que todo amor, cada uno en su manera, o es unidad, o camina a ella y la pretende; y pues es así que es como el blanco y el fin del bien querer el ser unos los que se quieren, cosa cierta será que todo aquello que fuere contrario, o en alguna forma dañoso a esta unidad, será desabrido enemigo para el amor; y que el que amare, por el mismo caso que ama, padecerá tormento gravísimo todas las veces que, o le aconteciere algo de lo que divide el amor, o temiere que le puede acontecer. Porque, como el cuerpo siempre que se corta o que se divide lo uno de él y lo que está ayuntado y continuo, se descubre luego un dolor agudo, así todo lo que en el amor, que es unidad, se esfuerza a poner división, pone por el mismo caso en el alma que ama una miseria y una congoja viva, mayor de lo que declarar se puede. ... (ver texto completo)
Estuvo entonces sobre sí Sabino un poco, y dijo luego:
-No sé, Juliano, qué fin han de tener hoy estas redes vuestras, ni qué es lo que con ellas deseáis prender. Mas pues así me estrecháis, dígoos que hay dos amores o dos maneras de amar, una de deseo y otra de gozo. Y dígoos que en el uno y en el otro amor hay su cierta unidad: el uno la desea, y, cuanto es de su parte, la hace, y el otro la posee y la abraza, y se deleita y aviva con ella misma. El uno camina a este bien, y el otro descansa y se goza en él; el uno es como el principio, y el otro es como lo sumo y lo perfecto; y así el uno como el otro se rodea, como sobre quicio, sobre la unidad sola: el uno haciéndola y el otro como gozando de ella. ... (ver texto completo)
-Como puede uno no amar a sí mismo, así podrán -dijo Sabino- dejar de amar al que ya es una misma cosa con ellos.
-Bien decís -dijo Juliano-, mas decidme, Sabino, ¿será posible que desee alguno aquello mismo que tiene?
-No es posible -dijo Sabino.
-Y habéis dicho -añadió Juliano- que ya estos tales han venido a tener unidad.
-Sí han venido -dijo.
-Luego habéis de decir -repitió Juliano- que ya no la desean ni apetecen.
-Así es -dijo- verdad.
-Y es verdad que se aman -añadió Juliano-; luego no es decir que el amar es desear la unidad. ... (ver texto completo)
-Así -dijo- parece.
-Y ambos -replicó Juliano- estaban tan lejos de ser unos con los que amaban, que el uno era aborrecido de ello, y el otro no hallaba manera para alcanzarlo.
-Verdad es -dijo Sabino- cuanto al hecho, mas cuanto al deseo ya lo eran, porque esa unidad era lo que apetecían si amaban.
-Luego -dijo Juliano- ¿ya el amor no será él la unidad, sino un apetito y deseo de ella?
-Así -dijo- parece.
-Pues decidme -añadió Juliano-: estos mismos, si consiguieran su intento, u otros cualesquiera que aman, y que lo que aman lo consiguen y alcanzan, y vienen a ser uno mismo con ello, ¿dejan de amarlo luego, o ámanlo todavía también? ... (ver texto completo)
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-Y ¿paréceos -dijo Juliano- que todo el amor es así?
-Sí parece -respondió Sabino.
-Apolo -dijo Juliano- a vuestro parecer, ¿amaba cuando en la fábula, como canta el poeta, sigue a Dafne que le huye? O el otro de la comedia, cuando pregunta dónde buscará, dónde descubrirá, a quién preguntará, cuál camino seguirá para hallar a quien había perdido de vista, pregunto, ¿amaba también?
Así parece -respondió Sabino.
-No os rindáis -dijo Juliano- tan presto, sino id conmigo inquiriendo el ingenio y la condición del amor, que, si la hallamos, ella nos podrá descubrir la luz que buscamos.
- ¿Qué ingenio es ese? -respondió Sabino-, o ¿cómo se ha de inquirir?
-Muchas veces habréis oído decir, Sabino -respondió Juliano-, que el amor consiste en una cierta unidad.
-Sí he -dijo Sabino- oído y leído que es unión el amor y que es unidad, y que es como un lazo estrecho entre los que juntamente se aman, y que, por ser así, se transforma el que ama en lo que ama por tal manera que se hace con él una misma cosa. ... (ver texto completo)
-De esta manera -dijo Juliano-: porque si los hombres pudieran amar la miseria, claro y descubierto estaba el por qué el amor hacía miserables a los que la amaban; mas amando todos siempre algún bien, aunque no sea aquel bien de donde nace el sumo bien, ya que este su amor no los hace enteramente dichosos, a lo menos, pues es bien lo que aman, justo y razonable sería que el amor de él les hiciese algún bien; y así, no parece verdad lo que poco antes asentamos por muy cierto: que el amor hace también a las veces miseria en los hombres. ... (ver texto completo)
- ¿Puede -replicó Juliano- amar nadie lo malo?
-No puede -dijo Sabino- como no puede desamar a sí mismo. Mas el amor malo que digo, llámole así, no porque lo que ama es en sí malo, sino porque no es aquel bien que es la fuente y el minero del sumo bien.
-Eso mismo -dijo Juliano- es lo que hace mi duda y mi pregunta más fuerte.
- ¿Más fuerte? -respondió Sabino-; y ¿en qué manera?
-Así se infiere -dijo Sabino.
-Mas decidme -añadió Juliano- ¿atreveos habéis, Sabino, a buscar conmigo la causa de esta desigualdad y contrariedad que en sí encierra el amor?
- ¿Qué causa decís, Juliano? -respondió Sabino.
-El por qué -dijo Juliano- el amor, que nos es tan necesario y tan natural a todos, es en unos causa de miseria y en otros de felicidad y buena suerte.
-Claro está eso -dijo Sabino luego-, porque, aunque en todos se llama amor, no es en todos uno mismo; mas en unos es amor ... (ver texto completo)
-Todo eso está dicho; mas de todo eso -dijo Sabino- ¿qué queréis, Juliano, inferir?
-Dos cosas infiero -dijo Juliano luego-: la una, que todos aman (los buenos y los malos, los felices y los infelices), y que no se puede vivir sin amar; la otra, que como el amor en los unos es causa de su buena andanza, así en los otros es la fuente de su miseria, y siendo en todos amor, hace en los unos y en los otros, efectos muy diferentes, o, por decir verdad, claramente contrarios.