Resulta que tengo a mis queridas vecinas ahí y yo sin darme cuenta. Ya sabéis la calle las Ranas era un hervidero de muchachas y muchachos. Cuando me junto con mis hermanas, muchas veces sacamos a relucir los juegos de antes y me da mucha risa el comprobar que se saben las voces, reglas y demás de los juegos. Tremendo. Ya sabéis, " atajo la calle", " pepito cocinero", " Santa Teresa en la cueva..". Y las averías pertinentes de llevarnos calle abajo el carro del señor Gabriel López Rodado, llamado ... (ver texto completo)