El mundo puede conocer la belleza de las leyes del Creador pero ignora la belleza de los gestos del Padre que promete un Reino, los regalos de su trato, el desinterés de su encuentro en la oración. La “Nueva Era” tampoco aporta nada parecido a la oración cristiana, aunque en sus programas espirituales incluya la música de Hildegarda de Bingen, y frecuente a San Juan de la Cruz. El don del Espíritu no tiene sitio en su collage espiritual, aunque convoca, con presunta elegancia ecuménica y amplitud ... (ver texto completo)