Ahora, en el corazón del invierno, recuerdo la vieja estacíón de Hernán Muñoz.
Paredes de estuco ya desconchada, signadas por tizones de innumerables "comistrás" en los parajes del cortijillo. Allí firmé yo mi amor por cierta jovencita ingrata. Las vigas de aire perecieron por las acometidas del agua llovediza. Las puertas y los marcos de las ventanas primero se alabearon, y después la carcoma se cebó en ellos.
Hoy el espino silvestre, las jaras, los espliegos y otras plantas parásitas han ocupado ... (ver texto completo)
Paredes de estuco ya desconchada, signadas por tizones de innumerables "comistrás" en los parajes del cortijillo. Allí firmé yo mi amor por cierta jovencita ingrata. Las vigas de aire perecieron por las acometidas del agua llovediza. Las puertas y los marcos de las ventanas primero se alabearon, y después la carcoma se cebó en ellos.
Hoy el espino silvestre, las jaras, los espliegos y otras plantas parásitas han ocupado ... (ver texto completo)