Lo encontramos descansando en un recodo del camino. Te-nía los vestidos destrozados y una barba larga y blanca le devoraba el rostro.
–¿Adónde vas? –le preguntamos compasivamente.
–Voy buscando la morada de la primavera eterna –nos res-pondió con voz fatigada–. Era una niña dulce y jovial cuando la conocí, pero la estimé en poco; la eché de mi lado. Ahora el invierno se ha aposentado en mi vida, y necesito del calor que ella una vez me procuró. ¿Acaso sabéis dónde habita?
–No lo sabemos –respondimos ... (ver texto completo)
–¿Adónde vas? –le preguntamos compasivamente.
–Voy buscando la morada de la primavera eterna –nos res-pondió con voz fatigada–. Era una niña dulce y jovial cuando la conocí, pero la estimé en poco; la eché de mi lado. Ahora el invierno se ha aposentado en mi vida, y necesito del calor que ella una vez me procuró. ¿Acaso sabéis dónde habita?
–No lo sabemos –respondimos ... (ver texto completo)