Pero su actividad no se ceñía a las paredes del
convento. Se destacó en el ministerio de la reconciliación. Confesor incansable, lúcido y experimentado director de espíritus, nuestro fraile realizó una eficaz labor con seglares y religiosas.
Su caridad con los enfermos, especialmente con aquellos más necesitados, no tenía límites.
En la predicación, era sencillo, pero con palabras ardientes. A la fuerza irresistible de su ejemplo, añadía un ingenio agudo para convencer y convertir.
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