¡Qué tallos hacía tu abuela Paquera¡ No sé si era el hambre o que los hacía realmente ricos. En los 30 años que llevo fuera de
Villamanrique he comido
churros mejores, pero no se me han quedado tan grabados en mi memoria como aquellos que pregonaban las muchachas por la mañanas, con sus cestas de hojalata, de
puerta en puerta. ¡Iban calientes! -decían- porque la verdad es que había que hablar en pasado, ya que cuando te los vendían estaban algo fríos. Pero riquísimos. Díselo a tu abuela, a tu abuelo
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