Agustín, me acuerdo de la
Posada que había en la
carretera de La Mota, con un gran corralón donde entraba a descansar "el Gorrino de
San Antón" en su eterno pasear por
Belmonte. Tal vez ahora haya más de un gorrino paseando por el
pueblo. En la posada debía haber bellas mujeres porque el recuerdo es cálido. La
cabra siempre tira al
monte y los hijos de la Amelia no tuvieron problemas de identidad; vamos, que ninguno fué "un alma prisionera en un cuerpo equivocado". Así les llaman a los que "son diferentes".
Saludos
Vicente