Y como hacen los grandes maestros, que lo más dificultoso y más principal de las obras lo hacen ellos por sí, y dejan a sus obreros lo de menos trabajo, así Cristo, vencido que hubo por sí y por su persona al espíritu de la maldad, dio a los suyos que moviesen guerra a sus miembros. Los cuales discípulos la movieron osadamente, y la vencieron más esforzadamente; y quitaron la posesión de la tierra al príncipe de las tinieblas, derrocando por el suelo su adoración y su silla.
Y hecho señor, en cuanto hombre, de todas las criaturas, y juez y salud de ellas, para poner en efecto en ellas y en nosotros mismos la eficacia de su remedio, y para llevar a sí y subir a su mismo asiento a sus miembros y para, al fuerte tirano (que encadenó y despojó en el infierno), quitarle de la posesión malvada y de la adoración injusta que se usurpaba en la tierra, envió desde el cielo al suelo su Espíritu sobre sus humildes y pequeños discípulos; y, armándolos con él, les mandó mover guerra ... (ver texto completo)
Pues todo esto que hemos dicho obró y mereció Cristo muriendo. Y después de muerto, poniéndolo en ejecución, despojó luego el infierno, bajando a él, y pisó la soberbia de Lucifer y encadenóle; y, volviendo el tercer día a la vida para no morir más, rodeado de sus despojos subió triunfando al cielo, de donde el soberbio cayera; y colocó nuestra sangre y nuestra carne en el lugar que el malvado apeteció, a la diestra de Dios.
O ¿será menor hazaña y grandeza vencer este león, o menos digna de Dios, que poner en huida los escuadrones humanos, y vencer los ejércitos de los hombres mortales? O ¿hallará, aunque más se desvele, manera más eficaz, más cabal, más breve, más sabia, más honrosa, o en quien más resplandezca toda la sabiduría de Dios, que ésta de que, como decimos, usó, y de que usó en realidad de verdad, por medio del esfuerzo y de la sangre y de la obediencia de Cristo? O, si son famosos entre los hombres, y de ... (ver texto completo)
¡Oh grandeza de Dios nunca oída! ¡Oh sola verdadera muestra de su fuerza infinita y de su no medido saber! ¿Qué puede calumniar aquí ahora el judío, o qué armas le quedan con que pueda defender más su error? ¿Puede negar que pecó el primer hombre? ¿No estaban todos los hombres sujetos a muerte y a miseria, y como cautivos de sus pecados? ¿Negará que los demonios tiranizaban al mundo? O ¿dirá, por ventura, que no le tocaba al honor y bondad de Dios poner remedio en este mal, y volver por su causa, y derrocar al demonio, y redimir al hombre, y sacarle de una cárcel tan fiera? ... (ver texto completo)
Y para que el malo reviente de envidia, aquellos mismos a quienes envidió y quitó el paraíso en la tierra, en Cristo lo ve hechos una misma cosa con Dios en el cielo. Y porque presumía mucho de su saber, ordenó Dios que él por sus mismas manos se hiciese a sí mismo este gran mal, y con la muerte que él había introducido en el mundo, dándola a Cristo, dio muerte a sí y dio vida al mundo. Y cuando más el desventurado rabiare y despechare, y, ansioso, se volviere a mil partes, no podrá formar queja ... (ver texto completo)
Y quedó de esta manera, por pura ley, aquel soberbio, y aquel orgulloso, y aquel enemigo y sangriento tirano, abatido y vencido. Y el que mala y engañosamente al sencillo y flaco hombre, prometiéndole bien, había hecho su esclavo, es ahora pisado y hollado del hombre, que es ya su señor por el merecimiento de la muerte de Cristo.
Y porque puso el demonio las manos en el inocente y en aquel que por ninguna razón de pecado le estaba sujeto, y pasó ciego la ley de su orden, perdió justísimamente el vasallaje que sobre los hombres por su culpa de ellos tenía; y le fueron quitados, como de entre las uñas, mil queridos despojos; y él mereció quedar por esclavo sujeto de aquel que mató; y el que murió, por haber nacido sin deber nada a la muerte, no sólo en su persona, sino también en las de sus miembros, acocea, como a siervo rebelde y fugitivo, al demonio. ... (ver texto completo)
Porque verdaderamente fue así: que sólo el morir Cristo en la cruz, adonde subió por su permisión, y por las manos del demonio y de sus ministros, por ser persona divina la que murió, y por ser la naturaleza humana en que murió inocente y de todo pecado libre, y santísima y perfectísima naturaleza, y por ser naturaleza de nuestro metal y linaje, y naturaleza dotada de virtud general y de fecundidad para engendrar nuevo ser y nacimiento en nosotros, y por estar nosotros en ella por esta causa como ... (ver texto completo)
Mas, pregunto: ¿qué hizo? ¿Enfadóse, por ventura, de un negocio tan enredado, y apartó su cuidado de él enfadándose? De ninguna manera. ¿Dio, por caso, salida y remedio a lo uno, y dejó sin medicina a lo otro, impedido de la dificultad de las cosas? Antes puso recaudo en todas. ¿Usó de su absoluto poder? No, sino de suma igualdad y justicia. ¿Fueron, por dicha, grandes ejércitos de ángeles los que juntó para ello? ¿Movió guerra al demonio a la descubierta, y, en batalla campal y partida, le venció y le quitó la presa? Con sólo un hombre venció. ¿Qué digo un hombre? Con sólo permitir que el demonio pusiese a un hombre en la cruz, y le diese allí muerte trujo a felicísimo efecto todas las cosas que arriba dije juntas y enteras. ... (ver texto completo)
Y, sobre todo, cumplía que, en la ejecución y obra de todo esto que he dicho, no usase Dios de su absoluto poder ni quebrantase el suave orden y trabazón de sus leyes; sino que, yéndose el mundo como se va y sin sacarle de madre, se viniese haciendo ello mismo. Esto, pues, había en la maldad del demonio y en la miseria y caída del hombre, y en el respeto de la honra de Dios; y cada una de estas cosas, para ser debidamente o castigada o remediada, pedía el orden que he dicho, y no cumplía consigo misma y con su reputación y honor la potencia divina si en algo de eso faltaba, o si usaba en la ejecución de ello de su poder absoluto. ... (ver texto completo)
Y en consecuencia de esto, si se podía hacer, convenía mucho a Dios hacerlo: que el pecado y la muerte que puso el demonio en el hombre para quitarle su bien, fuesen, lo uno, ocasión y, lo otro, causa de su mayor bienandanza; y que viviese verdaderamente el hombre por haber habido muerte, y por haber habido miseria y pena y dolor, viniese a ser verdaderamente dichoso; y que la muerte y la pena, por donde a los hombres les viniese este bien, la ordenase y la trajese a debida ejecución el demonio, poniendo en ella todas sus fuerzas, como en cosa que, según su imaginación, le importaba. ... (ver texto completo)
Por lo cual, para que fuese conveniente el castigo de estos excesos, y para que fuesen respondiendo bien la pena y la culpa, la pena justa de la soberbia que Lucifer tuvo era que, al que quiso ser uno con Dios, le hiciese Dios siervo y esclavo del hombre. Y, asimismo, porque el dolor de la envidia es la felicidad de aquello que envidia, la pena propia del demonio, envidioso del hombre, era hacer al hombre bienaventurado y glorioso. Y la osadía de haber cutido con Dios en el saber y en el aviso no ... (ver texto completo)
Y en lo que con el hombre hizo, no sólo pretendió apartarle de Dios, sino sujetarle a su tiranía, haciéndose él señor y cabeza por razón del pecado. Y demás de esto, procedió en ello con maña y engaño, y quiso, como en cierta manera, competir con Dios en sabiduría y consejo, y procuró como atarle con sus mismas palabras y con sus mismas armas vencerle.
Porque, lo primero, el hombre había de ser castigado y había de morir, porque de otra manera no cumplía Dios ni con su palabra ni con su justicia. Lo segundo, para que no careciese de efecto el consejo primero, había de vivir el hombre y había de ser remediado. Lo tercero, convenía también que Lucifer fuese tratado conforme a lo que merecía su hecho y osadía, en la cual había mucho que considerar: porque, lo uno, fue soberbio contra Dios; lo otro, fue envidioso del hombre.