BELMONTE: Y para que el malo reviente de envidia, aquellos mismos...

Y para que el malo reviente de envidia, aquellos mismos a quienes envidió y quitó el paraíso en la tierra, en Cristo lo ve hechos una misma cosa con Dios en el cielo. Y porque presumía mucho de su saber, ordenó Dios que él por sus mismas manos se hiciese a sí mismo este gran mal, y con la muerte que él había introducido en el mundo, dándola a Cristo, dio muerte a sí y dio vida al mundo. Y cuando más el desventurado rabiare y despechare, y, ansioso, se volviere a mil partes, no podrá formar queja si no es de sí sólo que, buscando la muerte a Cristo, a sí se derrocó a la miseria extrema; y al hombre, que aborrecía, sacándole de esta miseria, le levantó a gloria soberana, y esclareció y engrandeció por extremo el poder y saber de Dios, que es lo que más al enemigo le duele.