Octubre de 2006.
Llegué a Masca siguiendo los instrucciones y recomendaciones de uno de los chicos que llavan el albergue de los Montes de Anaga (por cierto muy recomendable). Iba sóla, con un coche alquilado y mientras recorría aquella estrecha y sinuosísima carretera de montaña, pensé que me había equivocado embarcándome en una aventura algo ariesgada. Todo temor desapareció al contemplar tan magnífico espectaculo. Allí estaba Masca, como detenida en el tiempo. Entre montañas -algunas escasas ... (ver texto completo)
Llegué a Masca siguiendo los instrucciones y recomendaciones de uno de los chicos que llavan el albergue de los Montes de Anaga (por cierto muy recomendable). Iba sóla, con un coche alquilado y mientras recorría aquella estrecha y sinuosísima carretera de montaña, pensé que me había equivocado embarcándome en una aventura algo ariesgada. Todo temor desapareció al contemplar tan magnífico espectaculo. Allí estaba Masca, como detenida en el tiempo. Entre montañas -algunas escasas ... (ver texto completo)