La gigantesca brecha o canalón vertical: En la parte central destaca una enorme fractura vertical en la
roca viva. Es una espectacular muestra de la fuerza de la erosión del
mar, la sal, el viento y las
lluvias a lo largo de miles de años. Textura y cavidades: La superficie caliza tiene tonos ocre, beige y grisáceos. Está plagada de pequeños nichos, oquedades y
cuevas naturales que sirven de
refugio a especies endémicas, como el halcón de Eleonora y lagartijas autóctonas. Misticismo e
historia viva: En cavidades similares a las que ves en esa escarpada silueta solía refugiarse en el siglo XIX el misionero carmelita Francisco Palau. Pasaba largas semanas viviendo como un
ermitaño en total aislamiento, documentando experiencias místicas que asentaron gran parte de las leyendas de energía y magnetismo que hoy rodean a este
rincón ibicenco.