“Así sucede con el uso nacionalista del lenguaje. El lenguaje deja de ser medio de comunicación y se convierte en símbolo de identidad nacional, de afirmación cultural, de integración hacia dentro y segregación hacia fuera. Adquiere una comunicabilidad empequeñecida y cautelosa. Se convierte en lenguaje críptico, restringido, reservado para los cofrades. La utilización nacionalista de la lengua no es un problema lingüístico, sino pragmático.” (José Antonio Marina, La selva del lenguaje, Anagrama).