En primer lugar quiero entonar mi requien por el gallo blanco que servía de despertador, en sus estancias en Deza, a nuestra amiga C y también a todo el Barrio del Olmo. De verdad que la proximidad y la misma Navidad es proclive a dejar los gallineros, yo diría que viudos. Viudos porque se quedan las gallinas sin amo y señor. Pero tampoco es de todo cierto lo que he dicho puesto que aquel gallito al cual, el kikirikí no le salía del cuerpo, ocupará el puesto vacante, quizá después dehaberlo disputado ... (ver texto completo)