Estos enormes peñascos que estamos contemplando y cuyo paraje se llama Antoñana, tienen la particularidad de estar llenos de hoquedades y agujeros muy apropiados para que los córvidos y las aves rapaces hagan sus nidos. De hecho así sucedía hasta los años 60, aproximadamente del siglo pasado, en que poco a poco fueron desapareciendo casi hasta la extinción puesto que solo anidan unas pocas parejas testimoniales. En aquel entonces en el campo se criaban los saltamontes a millones y era la comida habitual ... (ver texto completo)