Recuerdo que un maestro de
Deza se llamaba Don Antonino al que iba un primo mío de alumno y que tenía varios hijos; pero ya no se como se llamaban. Me acuerdo todavía tal como era y, cuando marchó destinado a otro
pueblo, lo veo con un
carro tirado por una mulilla, lleno de sillas, de colchones y jergones. El mismo arreaba la mula vestido con su guardapolvos habitual. Como el caracol, llevaba su
casa encima a ocupar otra vacante en otro lugar diferente. Es la vida...Un abrazo.