Y cuando mis piernas ya no me mantengan de pie, ofrecerdme vuestro brazo para sostenerme. Tened presente las horas que pasé ensenándoos a dar vuestros primeros pasos.
Un abrazo.
Un abrazo.
Si cualquier día os dijera que he perdido las ganas de vivir, ¡No os preocupéis!. Comprendedme, que al decirlo, no disminuye en absoluto el amor que os tenido. Para vosotros siempre he deseado lo mejor y me he enforzado para que el mundo fuera mejor, más confortable y más encantador.
Seguirá... Hasta luego.
Un abrazo.
Seguirá... Hasta luego.
Un abrazo.