Vivo en
Sevilla, aunque mis ancestros son ursaonenses. A pesar de la belleza indudable de sus
calles,
monumento y la vejez enriquecedora de su
historia, sus habitantes son reservados, poco confiados y, como en el resto de
Andalucía, más amantes del folklore barato, de las modas efímeras, de la cultura alienante del
futbol pasivo, de los magazines en televisión (corazón, chismoreo, etc)y de las festividades más bullangueras:
feria, Rocío frente a la cultura trascendente: la lectura de libros, el
arte ... (ver texto completo)