El cronómetro se ha puesto nuevamente a cero. En esta pasada carrera hubo quiénes, según todos los precedentes habidos con anterioridad, jugaron a ganador, mientras que algunos otros intentaron de nuevo la jugada del perdedor con la ilusión, y tal vez la candidez, de conseguir la victoria. Todos hemos perdido.
A partir de ahora, y a ver si ha quedado aprendido de una vez para siempre. Todas las fuerzas políticas y todas las organizaciones de víctimas del terrorismo de ETA, deberán hablar con una sola voz y proceder con una gran unidad de acción. Es la condición necesaria, aunque no suficiente, para ganar la partida.
El rapiñe de votos y la sed de venganza disfrazada de justicia, que animan, respectivamente, a algunos de los que están en la oposición política y a muchos de los que integran las organizaciones de víctimas, son un lastre para la consecución de este objetivo.
Mientras que, unos, entiendan que el problema del terrorismo pueda ser motivo de lucha política y, otros, no admitan que la venganza es un sentimiento que cercena las posibilidades para avanzar en eventuales soluciones de paz, el camino hacia ella se hará imposible. En cuanto a los primeros habría que pedirles cierta altura de miras y a los segundos muchísima generosidad.
Rey Momo.
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