Cosas de mi
Pueblo.
Febrerillo loco.
Aquella mañana no había forma de poder salir de
casa, llovía como si no lo habría hecho nunca y en la cuesta de garrido soplaba el aire como un huracán, de vez en cuando se oía alguna teja estallar en la
calle o el portazo de alguna
puerta, no se veía ni un gato la mayoría de la gente en sus
casas a la orilla de la lumbre que ardía como un demonio, dos palos buenos de oliva en cada
rincón eran los artífices de aquellas lumbres de
invierno.
No iba a ser posible
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