¿Por qué grabas eso todo el tiempo?
El profesor lo dijo medio en broma, medio intrigado.
Kenji, doce años, tranquilo, educado, siempre llevaba una pequeña grabadora en el bolsillo.
No era el típico alumno que buscaba llamar la atención.
Pero grababa.
El timbre.
Las sillas arrastrándose.
La
lluvia contra las
ventanas.
Las risas en el recreo.
—Me gusta escuchar luego —respondió.
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