Cuenta la Sra. Laura Pérez de Oleas que Manuelita Sáenz estaba agonizando.
Llenos de fiebre, sus enormes ojos negros vieron un lucero errante. La enferma imaginó que era el alma de Bolívar diciéndole: -Manuelita, toma esta corona de rosas; Es la misma que tú me arrojaste desde un balcón aquella mañana de mi triunfal entrada a Quito. ¿Recuerdas? - ¡Bolívar!... ¡Bolívar! -exclamó la moribunda, extendiéndole sus brazos. ¿Dices que estoy hermosa con este vestido... A veces, perderse es la mejor manera de encontrarse. ¿Por qué grabas eso todo el tiempo?
El profesor lo dijo medio en broma, medio intrigado.
Kenji, doce años, tranquilo, educado, siempre llevaba una pequeña grabadora en el bolsillo.
No era el típico alumno que buscaba llamar la atención.
Pero grababa.
El timbre.
Las sillas arrastrándose.
La lluvia contra las ventanas.
Las risas en el recreo.
—Me gusta escuchar luego —respondió.... La única manera de ser seguido es correr más deprisa que los demás. Tomarse las cosas con humor es un privilegio de la inteligencia.