Había un
jardín donde todas las
flores competían por ser la más bonita. La rosa presumía de su
color, el
girasol de su altura y la orquídea de su elegancia. Solo una pequeña margarita permanecía en silencio, abriendo sus pétalos cada mañana sin compararse con nadie.
Un día llegó una larga
tormenta. Cuando el sol volvió a salir, las flores más orgullosas estaban dobladas por el peso de la
lluvia. La margarita, en cambio, seguía en pie. No era la más fuerte ni la más hermosa; simplemente había aprendido
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