Caminaba por un camino de tierra en las afueras de un pueblo de Etiopía con mi padre cuando yo era niño, entre el polvo rojo y el aroma a café recién tostado que salía de las casas.
De pronto, se detuvo y me preguntó:
—Hijo, además del canto de los pájaros, ¿escuchas algo más en este camino?
—Sí —le contesté—, el ruido de una carreta.
—Muy bien —me dijo—. Es una carreta tirada por bueyes, y está vacía.
— ¿Vacía? —pregunté—. ¿Cómo lo sabes?
Mi padre, casi sin pensarlo, respondió:
—Muy fácil… ... (ver texto completo)
De pronto, se detuvo y me preguntó:
—Hijo, además del canto de los pájaros, ¿escuchas algo más en este camino?
—Sí —le contesté—, el ruido de una carreta.
—Muy bien —me dijo—. Es una carreta tirada por bueyes, y está vacía.
— ¿Vacía? —pregunté—. ¿Cómo lo sabes?
Mi padre, casi sin pensarlo, respondió:
—Muy fácil… ... (ver texto completo)