En un barrio humilde de Durban, al sur de África, vivía Jabari, un electricista jubilado de 72 años que pasaba desapercibido para casi todos.
Era un hombre delgado, de sonrisa tranquila y manos temblorosas, pero con una costumbre peculiar: cada tarde, cuando el sol empezaba a bajar, encendía una pequeña lámpara de aceite frente a su casa.
Siempre la misma lámpara.
Siempre en el mismo lugar.
Siempre a la misma hora.
Los vecinos decían que era una superstición.
Otros, que le gustaba “decorar ... (ver texto completo)
Sin mentiras la humanidad moriría de desesperación y aburrimiento.
El entusiasmo es el pan diario de la juventud. El escepticismo, el vino diario de la vejez.
La melancolía es la felicidad de estar triste.
Buenas noches Antonia. Dulces sueños. un abrazo.
Todos seremos abuelos y nos gustará con nuestra familia estar
Vivan los padres y luego abuelos
Verdad verdadera! Viv@...!
La primera vez que escuché su voz, fue para decirme que me perdonaba.
Y no supe qué responder.
Se llama Karim. Fuimos inseparables durante la adolescencia. Vivíamos a dos casas de distancia, compartíamos los mismos gustos musicales, las mismas derrotas amorosas, y ese tipo de lealtad que se jura sin palabras cuando eres joven y piensas que la vida siempre va a ser así.
Pero a los diecisiete, todo se rompió.
Yo cometí un error. Uno grande.
Me enamoré de la chica que él amaba en silencio desde ... (ver texto completo)
Si las personas pueden aprender a odiar,
también pueden aprender a amar.
La palabra reconocer es tan importante, que se escribe igual al derecho que al revés.
Que todo lo bueno os siga, os encuentre y se quede con vosotros.
Y para que nada nos salga mal, mejor no le contemos a nadie.
Verdad verdadera! Saludos!
Todos seremos abuelos y nos gustará con nuestra familia estar
Vivan los padres y luego abuelos
Buenas noches Antonia. que tengas un buen descanso. un abrazo.
Afueras de Estambul, 2023.
En la azotea de un viejo hospital, los trabajadores notaban algo extraño: un halcón peregrino, inmóvil sobre la barandilla de ventilación. No cazaba. No gritaba. Solo miraba hacia una de las ventanas del cuarto piso, sin moverse.
Día tras día, bajo la lluvia, el calor o el viento, el ave permanecía allí, como una estatua viva.
Los empleados comenzaron a observarla. Le dejaron carne, agua. A veces desaparecía unos minutos, pero siempre regresaba al mismo punto.
— ¿Por ... (ver texto completo)
A veces, esperamos demasiado tiempo a alguien, que nunca nos ha dado nada.