Menos mal que existen los sueños y el mañana, porque cada día que pasa y cada noche que llega nos da esperanza. Una vez, hace mucho tiempo, una joven salió de su casa a lavar ropa en la chorrera la funesta en el cantón Chambo; aquella caída de agua era la misma en la que tiempo atrás algunas mujeres habían dicho que se había aparecido un hombrecito de sombrero grande, cinturón ancho y botas sucias. El misterioso ser, no era otro, sino el duende; había quienes lo conocían, aquel personaje singular tenía mala fama de ser un galante conquistador, pues su costumbre era llevase a las vírgenes jóvenes más bellas... Hace muchos años era muy poco usual que las personas se quedarán hasta muy tarde deambulando por las calles, todos estaban en sus casas a las 7H30 u 8H00 de la noche ya con las puertas y ventanas bien cerradas. Por eso fue muy raro ver a dos jóvenes caminando cerca de la medianoche por una de las calles más solitarias de Ibarra; los dos habían salido de sus casas en secreto para dar una serenata junto con otros amigos que, al final, decidieron no ir. Fue así como Carlos y Juan, lejos de escuchar... Hay que juzgar los sentimientos por los actos, más que por las palabras. El agradecimiento es la llave que abre la puerta de la abundancia en tu vida.