Los errores no se niegan, se asumen; las tristezas no se lloran, se superan; el amor no se grita, se demuestra. Estamos acostumbrados a pensar que, se recoge lo que se siembra, pero he llegado a la conclusión de que, lo que se recoge es lo que se cuida.¸ Dicen por ahí que lo que algunos no valoran, otros mueren por tenerlo... Y así es la vida. Menos mal que existen los sueños y el mañana, porque cada día que pasa y cada noche que llega nos da esperanza. Una vez, hace mucho tiempo, una joven salió de su casa a lavar ropa en la chorrera la funesta en el cantón Chambo; aquella caída de agua era la misma en la que tiempo atrás algunas mujeres habían dicho que se había aparecido un hombrecito de sombrero grande, cinturón ancho y botas sucias. El misterioso ser, no era otro, sino el duende; había quienes lo conocían, aquel personaje singular tenía mala fama de ser un galante conquistador, pues su costumbre era llevase a las vírgenes jóvenes más bellas...