Es curioso, sorprendente y hasta humano cuando los
arboles no nos dejan ver el bosque y siempre miramos en la misma dirección.
Sin mirar este o aquel, los asesinatos de ETA no son perdonables en ninguno de los casos.
Pero en nuestra
España, donde un traidor al juramento a la
bandera de la Republica aupado por tres generales que también fueron traidores a su bandera, dieron lugar a tres años para olvidar, más todo los que nos sobrevino hasta nuestros días, y lo ensalzaron, le rindieron pleitesía,
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