Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno ecuatoriano estableció una brutal colonia penal en la isla de Isabela. En 1946 fueron trasladados a Isabela 300 presos y entre los castigos a su conducta o insurrección, se vieron obligados a construir un inútil muro de
piedra volcánica como una forma de castigo. Hoy se lo conoce como el muro de las lágrimas. Los presos tenían que caminar largas distancias hasta la cantera, cortar grandes
rocas volcánicas y luego llevarlas de nuevo al sitio.
... (ver texto completo)