Hola, Edmundo. Ese dato no lo recuerdo, porque en general no éramos muy exigentes y aceptábamos la voluntad (a veces 1 perra gorda) con lo cual lo de la peseta se me antoja un lujo. Y eso que el agua, riquísima, procedía del pozo de «Melilla». Recuerdo que íbamos a por ella, como en excursión, con el cantarito en la cabeza y acompañados de algún adulto, casi siempre Micaela, la mujer del «Moyo». Otras veces la traíamos del pozo de la abuela «Ratona», que tenía un pozo con agua siempre azul. Los viajeros ... (ver texto completo)
Sí se nota, pero me encanta lo de la perra gorda y los apodos!.
SAludos para ti.
SAludos para ti.