Señor conde Lucanor–dijo Patronio–, de estos dos hombres, uno de ellos llegó a tan gran pobreza que no le quedó en el mundo cosa que pudiese comer. E hizo mucho por buscar alguna cosa que comer, pero no pudo encontrar más que un plato de altramuces. Y acordándose de lo rico que era y que ahora con hambre y con pena había de comer los altramuces, que son tan amargos y de tan mal sabor, comenzó a llorar con rabia; pero con el gran hambre comenzó a comer los altramuces, y comiéndolos echaba las cortezas ... (ver texto completo)