Estos
huertos envuelven la ciudad y se extienden en una superficie de dos kilómetros de ancho por uno de largo, con tal número de ejemplares que se estima que existe una
palmera por cada habitante de la ciudad, un total de doscientas mil. Sin embargo, el Palmeral no es un bosque natural, sino un
paisaje cultural tan racional en su diseño como los
jardines del Renacimiento, creado con una finalidad productiva, que no puede ser comprendido sin tener en cuenta el complejo sistema de regadío que lo estructura.