Mensajes de ALCONCHEL DE LA ESTRELLA (Cuenca) enviados por Qnk:

Aquí tenéis vuestro regalo. Espero que lo podáis disfrutar muchos, muchos años, y surquéis juntos los mares y océanos con alegría. A Tritón le asomaron dos lágrimas saladas como el mar de sus ojos azules y abrazó a su padre, ¿Qué más podía desear? Lo tenía todo: amor, salud y un galeón imponente con un mascarón de Proa representando la figura de su amada Anfitrite y una estrofa de la canción del pirata impresa en su casco con letras doradas.
Su padre, el señor atlántico, sabía de las inquietudes de su hijo y durante años, a escondidas, le había construido un galeón de madera para que pudiera surcar todos los mares del planeta.
Por fin Tritón había conseguido lo que había querido siempre, ser como Francis Drake, el capitán Blood, Jack Calico o Barbanegra, ya era un pirata titulado y se había casado con una ninfa marina de belleza inigualable y de cantos irresistibles. Lo único que le faltaba ahora a Tritón era un hogar flotante para vivir su amor acuático junto a la mujer pez y tener muchos niños o peces.
Anfitrite lució un collar de perlas negras recién recolectadas y un tocado de algas en su cabeza, Tritón vistió sus mejores galas: camisa con chorreras y chaqueta y sombrero de terciopelo negro, herencia de su tatarabuelo el pirata pata palo.
Con el tiempo aquella bonita historia de amor fue haciéndose más sólida, y cuando acabaron los estudios Anfitrite y Tritón decidieron casarse. La boda se celebró en playa dorada. Coral fue dama de honor y Delfín el padrino. Serpentinas de espuma surcaron el cielo aquella tarde de verano.
No, mejor lo dejamos que todavía no estoy entrenado para resistir a tu voz melodiosa.
- ¿Quieres que te cante Tritón? - le decía dulcemente Anfitrite, la mujer pez, con una sonrisa en los labios.
También allí Tritón Atlántico conoció por primera vez el amor. Ella era una sirena muy atractiva, de cola de escamas brillantes y plateadas, de cabello largo y ondulado y voz embaucadora. Anfitrite, que así se llamaba, estudiaba canto y buenos modales para ser una experta sirena.
- ¡Yo seré también pirata! Cuando acabó sus estudios de secundaria, decidió ir a la escuela superior del mar. Allí, le enseñaron todo lo que necesitaba saber para ser un buen navegante. Aprendió cómo vestirse de pirata, cómo mirar por el catalejo, cómo usar una brújula, cómo abordar un galeón enemigo y cómo preparar un estofado de cangrejo y calamares. ¡Vaya, todo lo necesario para ser un buen lobo de mar!
Según su padre, su tatarabuelo había sido un pirata bueno que buscaba tesoros perdidos para luego entregarlos a las gentes pobres. Tritón sentía envidia por qué él no podía ser también un pirata, ahora ya sabía por qué tenía aquellas inquietudes, por qué poseía un corazón tan salado y tan agitado como las velas de un galeón un día de viento.
Eran tiempos de grandes tempestades marinas, de rayos y truenos, tiempos en que el mar embravecido se tragaba la vida de muchos hombres de bien. Tu tatarabuelo Pata palo era uno de ellos. Todo lo que sé lo aprendí de él.
Durante muchos años, Tritón Atlántico acompañó a su padre a faenar todas las tardes después del cole, con él aprendió todo sobre el mar y sus misterios. De las sendas de las ballenas, de los barcos fantasmas, de las Venus del bosque marino y sus cantos hipnóticos. Su padre le contó historias de piratas y monstruos colosales, del calamar gigante y de la isla de los esqueletos danzarines.
Aunque su madre le decía siempre lo mismo, Tritón estaba resuelto a sumergirse en el mar. Si no podía vivir en él, al menos haría lo posible para poder estar el mayor tiempo en el agua, por eso decidió salir todas las tardes con su padre a pescar en el viejo Poseidón: un barco con más remaches que su tatarabuelo el pirata pata palo, conocido en el mundo entero.
Tritón deja de soñar, - le decía su madre pacientemente. "Nunca podrás vivir dentro del mar, tú no eres una sardina, ni una gamba, ni un alga, ni una caracola de mar. Eres solamente un niño".
Pero todo era un sueño, sólo un sueño imposible.
Muchas noches tritón se quedaba mirando al horizonte. Soñaba con lanzarse al agua y pasearse por el fondo del océano, hablar con los langostinos y jugar al escondite con las medusas. A Tritón le gustaría diluirse en el agua salada y desparecer entre los arrecifes, y así poder observar a los tiburones y a las rayas, quería ver atardecer desde las profundas y cristalinas aguas de la costa.
¡Ay Tritón que cosas tienes! - reía su amiga - Sólo es un banco de sardinas saltarinas.
¡Mirad, un río de plata! Centenares de sardinas brillaban bajo los rayos del sol girando de repente dibujando un relámpago plateado.
A veces, algunas se posaban en sus hombros y sobre su cabeza para poder saborear su piel salada y respirar su brisa fresca. En el colegio, Tritón tenía dos amigos: Delfín y Coral, con los que cada sábado iba al espigón a pescar.
Así estoy preparado para sumergirme en el océano de la vida moderna, decía con optimismo. Cuando Tritón salía a pasear siempre iba rodeado de gaviotas que revoloteaban a su alrededor.
Ya fuera invierno o verano, Tritón siempre usaba bañador a rayas y calzaba unos pies de pato.
Cuento infantil. El niño de mar.

Erase una vez un niño de ojos azules como el mar, dientes como las perlas del tesoro de los piratas, cabellos blancos y rizados como la espuma que se escurre entre las rocas del litoral, y piel del color de la arena mojada una tarde de verano.

Su nombre Tritón y su apellido Atlántico. Cuando Tritón reía, era como oír cientos de delfines pegando grititos alegremente. Cada mañana para desayunar, Tritón comía galletas de algas y un vaso de leche de ballena.
Por la mañana, buenos días y, tienes razón, estos de pueblos de España se pasan los criterios por las narices, jejeje aunque yo algunas veces tengo suerte, y me las suben tras intentarlo varias veces,.
Venga mozónnnnnnnnnnnnnnnnn a seguir intentándolo.
Besos. rs
Y ¡cricricrí, kaskaskaskás! este cuento se ha bichiacabado.
Los animalitos se pusieron muy contentos. Oirlos cantar juntos era mucho más innovador. Actuaban como dos bichitos cantores pizpiretos y complementarios. Habían aprendido de la lección de no querer ser más que el otro sino de ayudarse y enriquecerse juntos. Y de este modo, los cantorcitos del bosque se hicieron querer por todos los habitantes del pinar. Y fueron amigos y muy respetuosos entre ellos todas sus vidas de tres pares de patas.
Cuando ambos se sintieron completamente bien decidieron cantar juntos a duo los atardeceres hasta un poco entrada la noche. ¡Y en el mismo escenario! Con gusto. Y por diversión.
Así transcurrieron unas semanas. Los bichitos cantores estaban avergonzados. Pero se habían visto varias veces mientras se recuperaban. ¡El bosque iba a recibir una grata sorpresa!
Florindo apiadandose de Melito lo reanimo como pudo. Y empezó a hablarle con señas. El grillo no se tenía en pie.
Entonces empezaron a escucharse silbidos y fuera! fuera! bichos engreídos. Miradlos, eso les pasa por soberbios. Eso decían los animalillos mientras se iban a sus madrigueras y casas.
La cigarra se agarraba el cuello de donde no salia nada. Absolutamente nada. Qué horror pensaba: ¡me he quedado mudo! Qué terrible.
Luego vino Melito que de golpe sufrió un mareo y cayó boca arriba. Las patitas se le movian al ritmo loco que había creado en su afan a toda costa de ganar a Florindo.
El primero en perder la voz fue el Sr. Florindo que empezó a toser y a ponerse pálido y amarillento.
Y sucedió.
Melito y Floriano no descansaban sino que iban aumentando en sonidos y volumen. Al principio no se miraban siquiera. Pero a medida que fue pasando el tiempo de vez en cuando se miraban de reojo y luego, cada vez más. Los animalitos presentes casi tenían que taparse los oidos. ¡Esos bichitos iban a reventar o algo inesperado!
Una ardilla dió la salida a sus voces. Todos los ojos y oidos estaban pendientes de ellos. Entonces una mezcla de ¡cris cris y kaskaskaskas! empezó como un murmullo y sin tregua.
Ambos practicaron mucho hasta que el día llegó. El escenario preparado era el bello atardecer: la hora en que la cigarra y el grillito coincidían.
Todo estaba bien. O casi bien. Hasta que la rivalidad de ambos se acrecentó tanto que los animalillos del bosque les animaron a que se batiesen en un campeonato de canto al aire libre. A ver cual de los dos aguantaba más y lo hacía con más bravura musical.
El grillito Melito antes de que amaneciera tambien se retiraba a descansar. Así que por el dia sonaba Floriano la Cigarra y por la noche sonaba Melito el Grillito.
Nuestro grillito, ¡cómo no!, también conocía a Don Floriano la Cigarra y respetaba mucho su trabajo de día. Pero a Melito lo que le gustaba era cantar de noche. El grillito don Melito también tenía un buen número de fans: lechuzas, mosquitas, luciérnagas... Y los niños y mayores que ponían el oído para escuchar su canto. Su canto elegante, de grillo. Por eso Melito siempre iba vestido impecablemente con un smoking negro brillante. Y le gustaba ser la estrella de la noche. A l igual que la cigarra ... (ver texto completo)
Ya que Grillito Melito era todo un dandy de grillo. Melito tenía una voz mucho más suave y acompasada. El grillito era un poco más a su aire y a menudo en la noche se callaba y aprovechaba para dar un paseo. Como digo era un tres pares de patas bohemio. A menudo se sentaba sobre una hoja donde daba la brisa. Sobre todo en las noches que apretaba el calor buscaba un buen asiento. Y como era caprichoso, si no le gustaba buscaba otro. A Melito le gustaba el silencio de la noche. Por eso a veces se callaba. ... (ver texto completo)
¡Oh! ¡Cúanto hubiese dado Don Floriano, por ser el único tres pares de patas con chirriante canto y exótico atractivo! De todos modos, admiradoras cigarras nunca le faltaban. Tenía muchos y muchas fans entre su público. ¡Desde luego Don Floriano nunca pasaba desapercibido! Pero repito, que, su fama era compartida.
Como imaginareis, por la noche, el señor cigarra dormía y descansaba. Para que su actuación del día siguiente fuese inmejorable. Pero Don Floriano la cigarra ¡tenía unas envidias terribles a Melito Grillito!
Descubrir la cigarra se había convertido en un juego para todos los niños y mayores. El misterio consistía en adivinar el escenario de Floriano. Porque todos los días elegía un sitio distinto para cantar.
La potencia del señor cigarra era admirada por todos: desde las abejas, cuyo zumbido, en nada era comparable; hasta las filigranas melodías de los pajarillos, que tampoco, aunque lo intentaban fuerte, jamás podían equipararse al volumen ensordecedor de Don Floriano. Y es que, el sistema cantor de la cigarra ¡funcionaba como un altavoz en medio del campo!
Don Floriano Cigarra era un artista muy popular en todo el pinar. Yo diría que el más popular... Hubiese sido el mejor, si no fuese por el extraordinario compás y tono de don Melito Grillito.
Don Floriano Cigarra, empezaba su trabajo desde el amanecer. Y su entonación (de cigarra tenora) duraba todo todo el día hasta bien entrado el atardecer.
La letanía del: K-K-K-K-K-K-K-K-K-K-K-K-K-K-K- K-K-K-K-K-K-K-K-K-K... durante el día (de don cigarra)
Y la salmodia del: CRIII criii CRIII criii CRIII criii CRIII criii CRIII criii CRIII... durante la noche (de don grillito)
El Sr. cigarra don Floriano y el Sr. grillito don Melito.
Érase una vez un bosque de pinos en las montañas. Donde convivían, (¡con gran rivalidad!), el Sr. cigarra: don Floriano y el Sr. grillito: don Melito. Y era precisamente, durante el verano, cuando se producía el mayor festival de sonidos en el bosque.
Feliz día de SANTIAGO, aunque solo se celebre en la comunidad gallega.

! Santiago y cierra España!
Se abre el telón y aparecen Los Lunnis tumbados en una playa. Se cierra el telón.
- ¿Cómo se llama la película?

R: Los Lunnis al sol